Ir al contenido principal

No era un "Hotel Funerario" (Epílogo)

    La humareda no se equivocaba después de todo, sí era un presagio, sucumbimos y ahora solo sobrevivimos. Chacao es una burbuja mucho más cómoda, pero el país ha sido suprimido.    

    En medio de los grises e iguales días, he perdido hasta el privilegio de tener miedo a lo intangible porque el horror está siempre cerca, acechando, vigilando y sofocándome.

    Algunos momentos son generosos y navego por los mares neptunianos. En uno de esos viajes, lo encontré, nuevamente sentado, pero esta vez vistiendo de gala y mirando una película que parecía ser mi vida ¿Quién es él? ¡Quién es ÉL!
   
   Recibí la respuesta luego de media década...Buhguul.

    ¿Por qué azuzar la crueldad del azar? ¿Por qué el laberinto y la agonía solo por mi inocente curiosidad? ¿Por qué vi tu mundo, al cuál no puedo pertenecer? ¿Acaso estuve antes? ¿Cómo escapé?

    Los enanos trillizos correteando, el lobby lleno de abominaciones y la inolvidable melodía con tres notas ¿Cómo pudiste? ¡Qué cortas fueron sus vidas! ¿Quiénes lo permitieron? ¿Acaso eras solo un centinela oscuro producto de nuestros actos más repudiables? ¿O un eco de mi subconsciente preparándome para un sufrimiento venidero?

    Estás condenado más allá de tus actos, solo puedes ver y recibir lo que otros desechan. Tu camino solo va de la mano con la noche y aunque sus cuerpos están condenados, sus almas parecen ser libres en cada paso, brinco y berrinche. Siempre terminan liberándose.

    No, no son para nada tuyos, ni yo tampoco. Eres solo un recuerdo, sin rostro, en mi efímera memoria onírica.

    Lo que es innegable es que el cruel destino le dio forma a mi alucinación y ahora, frente a mí, no hay risas, correteos o inocencia. Son solo recuerdos que se van desvaneciendo.


"Gott ist tot!" – Nietzsche 

Comentarios

Entradas populares de este blog

César Vallejo: "Hay golpes en la vida, tan fuertes...yo no sé..."

César Vallejo (Perú, 1892-Paris, 1938) Los Heraldos Negros (1918) LOS HERALDOS NEGROS Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé. Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos, la resaca de todo lo sufrido se empozara en el alma... Yo no sé. Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte. Serán tal vez los potros de bárbaros atilas; o los heraldos negros que nos manda la Muerte. Son las caídas hondas de los Cristos del alma, de alguna fe adorable que el Destino blasfema. Esos golpes sangrientos son las crepitaciones de algún pan que en la puerta del horno se nos quema. Y el hombre... Pobre... pobre! Vuelve los ojos, como cuando por sobre el hombro nos llama una palmada; vuelve los ojos locos, y todo lo vivido se empoza, como un charco de culpa, en la mirada. Hay golpes en la vida, tan fuertes ... Yo no sé! (para escuchar video pisa este enlace: Poema "Heraldos Negros" )· Biografía (Wikipedia): César Abraham Vallejo Me...

"Hotel Funerario" por Andreína Gomes (revisión por Mario Morenza)

Hotel funerario Andreína Gomes   A veces, en la oscuridad de la noche, escucho la melodía simple de tres notas que me hielan la sangre. Su repetido y tétrico ritmo me deprime y hace que entre en una especie de trance; quedo atrapada en mi subconsciente, pero finalmente abro los ojos.             El atardecer estaba rosa y pronto sería malva, lo que quería era llegar a mi casa, apenas faltaba una calle. Una vez más, en el casco central de Chacao se desarrollaba una protesta que incluía cauchos ardiendo en mitad de la calle, era imposible pasar por allí. El humo comenzaba a asfixiarme y me refugié en la entrada de un edificio justo detrás mi hogar. En el lugar, recordé las tertulias de los viejitos que meriendan en una panadería cercana, afirman la existencia de atajos secretos entre los edificios. ¿Podría llegar al mío? Dejé de pensar en tonterías y quise devolverme, pero cerraron la puerta principal, decidí esperar a que alguien pasara. Un...

El día en que empecé a tomar antidepresivos

       Tengo que admitir que esta sí me costó bastante, de hecho, no dejo de pensar en todo lo sucedido hasta llegar a este punto. Es como si no terminara de aceptar que mi salud mental debe tener un cuidado más profundo de lo que creía.     Comencé la primera ingesta en la noche, cerré los ojos y d urante la madrugada, sentí ataques de pánico, estaba sobresaltada, pero luego me tranquilizaba y dormía.      Al despertar, todo me daba vueltas y peor aún, ¡iba a arruinar mi rutina! Me levanté y comencé mi día de manera usual a pesar del malestar. Mi mente solo me repetía y acusaba ¿Cómo llegaste a esto? ¿Cómo llegué a esto? Y ni hablar del miedo y la vergüenza de que alguien se diera cuenta de que algo me pasaba.    Las voces sonaban lejanas a pesar de estar físicamente cerca, pero paradójicamente cada sonido era como una comparsa en vivo al lado de mi oído. Más náuseas, bostezos y miedo ¿Cómo hacen otros con una situación similar? ¿C...